Te quiero, te quiero, te quiero. Podría repetírtelo hasta que mis labios se desgasten y las palabras dejen de tener sentido. Podría escribírtelo en chino o tinta invisible. Podría tatuármelo en la frente para que lo vieras cada vez que me mirases. Podría hacer que una avioneta lo escribiese en el cielo, como en las películas, o que apareciese en el marcador de algún partido. Pero no sé escribir chino, nunca supe encontrar tinta invisible, me dan miedo las agujas y no me gustan ni las avionetas ni los partidos. Sólo me queda decírtelo una y otra vez; TE QUIERO.

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