jueves, 1 de diciembre de 2011

Cuando tenemos la felicidad frente nosotros, no sabemos verla.

Siempre pensamos en lo que nos estamos perdiendo, deseando cosas que no tenemos cuando en realidad todo lo que necesitamos para ser felices está ahí, mordiéndonos de la mano. Creemos que la felicidad es algo difícil de alcanzar y a veces nos convencemos de que nunca vamos a ser felices, pero sólo depende de nosotros, de saber encontrar la felicidad de lo que tenemos, de valorarla y cuidarla. Algunos se pasan la vida buscándola, cuando no la encuentra se desesperan, se resignan a ser infelices toda la vida. El problema es que la gente no entiende, no entiende que la felicidad no está en un lugar y hay que ir a buscarla, porque la felicidad siempre está. Está en cualquier cosa que puedas ver, pero no quiere decir que para todos sea la misma. Para unos serán amigos, para otros la familia, para otros una persona en concreto, y pienso que muchos de nosotros nos incluimos en lo último. 
Sabemos que no podemos poner todo lo que nos hace felices colgando de una misma cosa, y a un así lo hacemos y lo seguiremos haciendo. Es simplemente una persona esa persona, que puede que sea cualquier persona que pasa por la calle, pero para ti no es alguien cualquiera. Es esa misma persona que ni ella sabe lo mucho que vale, y que harás cualquier esfuerzo para recordarla cada día, y que a pesar de todo estarás a su lado, cuando esté bien o mal, cuando lo necesite o no. Que harás esfuerzos innecesarios para que sonría, aunque ella misma se haya rendido, le recordarás en cualquier momento que en el fondo estará sonriendo, por lo que ha pasado, está pasando y pueda pasar. O a veces sea al revés, pero todos los de tu alrededor no te valen, es una persona, y sabes que es esa persona la que necesitas.


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